Según la legislación surcoreana, Lee Joo-ho fue designado como nuevo mandatario interino.
En sus primeras decisiones, ordenó al ejército elevar su nivel de preparación al “máximo” y pidió una planificación minuciosa para garantizar unas elecciones “ordenadas” y “justas”.
También instruyó al ministro de Asuntos Exteriores, Cho Tae-yul, a reforzar la cooperación con los aliados estratégicos, con el objetivo de mantener la confianza internacional en el país.









