En la arena política, el presidente Morsi continúa con sus esfuerzos de concentrar el poder en manos del Partido de los Hermanos Musulmanes, y ejemplo más reciente de ello es la firma por Morsi de un Decreto sobre el nombramiento de varios miembros cercanos a los nuevos gobernadores provinciales. Con esta designación, los Hermanos Musulmanes controlan actualmente 10 de las 27 provincias y ciudades de todo el país, incluidas las localidades bastión de la oposición.
La crisis económica, junto a la concentración de poder hace aumentar la inconformidad entre la población egipcia y hace bajar la popularidad de Mohamed Morsi. Los resultados de un estudio realizado por el Instituto de Investigación Zogby, publicados el pasado 17 de junio, demuestran que el respaldo a la gestión de Morsi cayó hasta el 28%, mientras que hace un año el porcentaje era del 57%.
Lo peor de todo es que el descontento de los egipcios con su administración se traduce en las manifestaciones, que de acuerdo al Centro de Desarrollo Internacional (IDC, por sus siglas en inglés) baten los récords, con 9 mil 427 concentraciones durante el primer año de mandato de Morsi. Esta cifra es 7 veces la registrada en el régimen del ex presidente Hosni Mubarak, que fue derrocado a principios de 2011. Los analistas estiman que la situación puede deteriorarse mucho más con las manifestaciones masivas de ámbito nacional que planearon las fuerzas opositoras para pedir la renuncia de Morsi y la celebración de elecciones anticipadas. Este riesgo es muy probable porque el grupo Tamarod (Rebelión) ha reunido 15 millones de firmas para una demanda revocatoria del mandato del presidente Morsi, es decir dos millones más de los votos a su favor en la segunda vuelta electoral.
Unas 9 mil 427 manifestaciones fueron convocadas
durante el primer año de mandato de Morsi
En los esfuerzos por aplacar las tensiones, Morsi prometió realizar reformas profundas y llamó al diálogo nacional. Advirtió en un discurso pronunciado en la televisión el 26 de junio que la división política alcanza un nivel que podría amenazar la democracia y paralizar la nación. De hecho, Egipto está profundamente dividido entre los partidarios de Morsi, que consideran que está depurando las instituciones tras décadas de corrupción, y sus detractores, que le acusan de abuso de poder. Sin embargo, parece que nada pueda minorar la propagación de las divisiones en ese país. Una muestra de ello es que la oposición y las fuerzas revolucionarias de Egipto anunciaron este jueves un programa de transición en caso de que Morsi dimita. El programa incluye la disolución del Consejo de Shoura (el Senado), controlado por los Hermanos Musulmanes desde que el Parlamento egipcio se disolviera en junio de 2012, la suspensión de la actual Constitución y la elaboración de una nueva Carta Magna. Según este itinerario, también se elegiría a un primer ministro independiente para dirigir un Gobierno tecnócrata que asuma la tarea de desplegar un plan económico urgente para salvar la economía nacional en este panorama de grave crisis y poner en práctica las políticas de inclusión social.
Obviamente, el primer año del mandato presidencial de Mohamed Morsi ha estado marcado por una serie de acontecimientos sombríos que ponen a su Gobierno entre la espada y la pared. Muy diferente del ambiente de regocijo de hace un año, ahora, Egipto continúa experimentando la inestabilidad cuya salida parece aún muy lejos.