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El preocupante deterioro del clima de la Tierra

2026/3/24 | 11:36:56
(VOVWORLD) - Los datos científicos más recientes evidencian que la Tierra está abandonando su estado de equilibrio a una velocidad sin precedentes. A ello se suma que los impactos del cambio climático no solo superan ampliamente las proyecciones anteriores, sino que además se vuelven cada vez más complejos en un contexto global de inestabilidad económica y geopolítica. 

En el informe Estado del Clima Global 2025, publicado con motivo del Día Meteorológico Mundial (23 de marzo), la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte que prácticamente todos los indicadores climáticos y ambientales del planeta se encuentran en niveles de alerta máxima, sin señales de mejora a corto plazo.

Francia experimenta una ola de calor durante el inicio del verano en París, Francia, el 1 de julio de 2025. Foto: REUTERS/Tom Nicholson.

Temperaturas sin precedentes

El informe destaca que el período 2015-2025 constituye la década más cálida jamás registrada. En particular, 2025 se sitúa entre los años más calurosos, con una temperatura media global de aproximadamente 1,43 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales (1850-1900).

La intensificación de fenómenos meteorológicos extremos, como olas de calor, precipitaciones torrenciales y ciclones tropicales, ha provocado graves pérdidas humanas y económicas, lo que evidencia la creciente vulnerabilidad de sociedades y economías profundamente interconectadas.

Uno de los elementos más alarmantes señalados por la OMM es el aumento del denominado “desequilibrio energético” del planeta, incorporado por primera vez como indicador clave. En condiciones normales, la energía que la Tierra recibe del Sol y la que emite al espacio se mantienen en equilibrio. Sin embargo, la acumulación de gases de efecto invernadero, en niveles no observados en al menos 800.000 años, ha alterado profundamente este balance.

En 2025 se registró el mayor desequilibrio energético desde el inicio de las mediciones en 1960. Sus efectos son especialmente visibles en los océanos, principal regulador térmico del planeta. En las últimas dos décadas, estos han absorbido cada año una cantidad de energía equivalente a unas 18 veces el consumo energético global de la humanidad.

El calentamiento oceánico desencadena múltiples consecuencias: degradación de ecosistemas marinos, pérdida de biodiversidad, reducción de la capacidad de absorción de carbono, aumento de la intensidad de los ciclones tropicales y elevación sostenida del nivel del mar, lo que amenaza la vida y los medios de subsistencia de miles de millones de personas.

La vicesecretaria general de la OMM, Ko Barrett, señaló: “En términos francos, este escenario se inscribe en un panorama profundamente desalentador. Nuestra labor consiste en aportar evidencias con la expectativa de impulsar la acción; sin embargo, los indicadores no apuntan hacia una evolución que permita albergar optimismo”.

Antes incluso de la publicación del informe, la comunidad científica ya coincidía en que el sistema climático global se encuentra en una situación de emergencia, con la Tierra acercándose peligrosamente a sus límites. A ello se suma la desaceleración de los compromisos internacionales en materia climática en los últimos años.

En este sentido, la experta del Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, Samantha Burgess, alertó:  “En la próxima década, la temperatura de referencia del planeta será aún más elevada. Los fenómenos extremos serán más frecuentes y sus efectos, más severos. No es descartable que, en el futuro, se evoque con cierta nostalgia el clima relativamente moderado de la década de 2020”.

Conflictos que agravan la crisis ambiental

Las recientes tensiones geopolíticas y económicas están añadiendo nuevos obstáculos a la lucha contra el cambio climático. Varios gobiernos han reducido sus compromisos o incluso han abandonado políticas de transición ecológica previamente anunciadas.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firma una serie de órdenes ejecutivas para aumentar el uso de combustibles fósiles y revertir el avance del país en materia de cambio climático y energía limpia. Foto: REUTERS/Mike Segar

Bajo la presión de la competencia económica, la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, ha eliminado subsidios a los vehículos eléctricos, ha impulsado la explotación de combustibles fósiles y se ha retirado de diversos compromisos climáticos.

Por otra parte, la Comisión Europea también ha flexibilizado su objetivo de eliminar los vehículos con motor de combustión interna a partir de 2035, en un intento por sostener la competitividad de su industria automotriz.

Más preocupante aún es el impacto ambiental de los conflictos armados en regiones como Ucrania, Gaza y Oriente Medio, que están dejando daños duraderos en los ecosistemas. En esta última región, los ataques a infraestructuras de petróleo y gas han liberado grandes cantidades de contaminantes a la atmósfera.

El portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric, dijo: “Nos preocupan profundamente los recientes informes sobre ataques contra instalaciones petroleras, que podrían acarrear graves consecuencias ambientales para toda la región, afectando de manera inmediata el acceso al agua potable, a los alimentos y a un entorno saludable. Asimismo, nos inquietan los ataques dirigidos contra plantas de desalinización”.

Otra consecuencia indirecta de estos conflictos es el posible prolongamiento de la dependencia global de los combustibles fósiles. Las interrupciones en el suministro energético, especialmente en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz, están empujando a muchos países a reforzar sus reservas de petróleo y gas.

No obstante, a más largo plazo, esta crisis podría actuar como catalizador para acelerar la transición energética. Según datos de la ONU, las energías renovables ya constituyen la fuente más económica de nueva generación eléctrica en la mayoría de los países, y cada dólar invertido en ellas genera tres veces más empleo que en los combustibles fósiles. Por ello, el impulso a las energías renovables se perfila como una prioridad estratégica clave de la ONU en los próximos años y como una de las herramientas más eficaces para hacer frente a la crisis climática global.

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