Las laderas están suavemente inclinadas, de modo que en la temporada de la maduración del grano, los campos se asemejan a un mar de oro ondulado. Todos los ángulos son bellos, pero no hay nada tan fenomenal como la posibilidad de apreciar al mismo tiempo la belleza de las terrazas de arroz, de las montañas y de los rayos del sol que perforan las nubes.
Después de 15 minutos en la cabina, se llega a la cumbre de Fansipan, considerado el techo de Indochina, de 3143 metros sobre el nivel del mar. Para esta turista procedente de Corea del Sur, la alegría viene de la conquista.
En sus alrededores, es todo un mar blanca de nubes. Parece un trocito del paraíso.
Abajo, los turistas pueden disfrutar de un té de canela, una especialidad local.
Danzas populares interpretadas por muchachas y muchachos de grupos étnicos hacen más completo su deleite en este viaje de descubrimiento.