(VOVworld) - El 28 de enero, el presidente francés, François Hollande, anunció que el Ejército de Malí, apoyado por unos 3 mil efectivos galos, retomó el control del norte del país africano de manos de los insurgentes islamitas. La victoria, esperada por muchos malienses, representa sin embargo grandes retos.
Además de la declaración de François Hollande, el Ejército y el Gobierno de Malí reconocieron la reconquista de la ciudad de Timbuktu, enclave principal ocupado por los extremistas islámicos en el norte del país desde abril de 2012. La cálida bienvenida tributada por los habitantes locales a las fuerzas liberadoras franco-malienses con banderas de ambos países después de vivir bajo la ley islámica Sharia durante 10 meses, demuestra el ferviente anhelo de paz de la población. Con anterioridad, el 26 de enero, las fuerzas militares lideradas por Francia conquistaron Gao, la mayor ciudad del norte de Malí, lo que se consideró uno de los más importantes logros desde el inicio de la operación el 11 de enero.

El presidente Hollande también afirmó que garantizar la estabilidad duradera a Malí es una responsabilidad de Francia. Sin embargo, éste no será un objetivo fácil mientras quedan demasiados problemas pendientes en Malí. Primeramente, las fuerzas aliadas lideradas por el país europeo, a pesar de conseguir el control de importantes ciudades del Norte, solo obligaron a la insurgencia a moverse hacia zonas desiertas y montañosas, que pueden convertirse en amplio terreno para la recuperación de estas fuerzas, patrocinadas con grandes recursos financieros provenientes de organizaciones transnacionales especializadas en la trata de personas o el narcotráfico.
Por otra parte, Malí enfrenta problemática situación socio- económica. Este país africano carece de presidente desde marzo de 2012 y de primer ministro desde diciembre del mismo año. Mientras tanto, su Ejército sufre división y debilidad institucional. La carencia de órganos centrales constituye una condición favorable para el desarrollo de los grupos terroristas, delictivos y extremistas. En cuanto a la geografía, Malí es uno de los países más pobres del continente negro, con poca población y una topografía principalmente desértica. Según datos de la ONU, desde el inicio de la operación militar contra los insurgentes islamitas, se produjo un éxodo de 9 mil malienses, y otros 230 mil se vieron obligados a desplazarse. Además no ha logrado controlar la seguridad en sus fronterizas con otros 7 países, y muchos de ellos han padecido y siguen padeciendo la violencia, el extremismo y la inestabilidad. Malí cuenta también con las líneas de contrabando más activas desde África hasta Europa, que han sido explotadas al máximo por los insurgentes para sacar más dinero para sus movimientos.

Tras dos semanas de desplegar su intervención militar en Malí, Francia logró su objetivo de reconquistar el control del Norte de ese país de manos insurgentes. Sin embargo, este resultado contiene a muchos riesgos y la estabilidad en Malí es frágil aún.









