Aunque sea catolicismo, budismo, confucianismo e islamismo, entre otras denominaciones religiosas, todos merecen el respeto social porque su dios omnipotente siempre enseña a sus creyentes cómo llevar una buena vida espiritual y material sin permitir a ninguno de sus feligreses usar la religión como pretexto para violar las leyes.

En realidad en Vietnam no todas las decisiones administrativas tomadas son perfectas pero los ciudadanos tienen el derecho de reclamar cumpliendo las normativas del Estado. Sin embargo, en el caso de Ngo Van Khoi y Nguyen Van Hai, dos personas acusadas de asalto civil y alteración del orden social, fueron las únicas razones para detenerlas temporalmente y someterlas a investigación policial, lo que creyentes provocadores esgrimieron como pretexto para forzar al presidente del Comité Popular de la comuna de Nghi Phuong, a rogar a las autoridades del orden, a poner en libertad a esos ciudadanos. Esta es una demanda absurda porque va contra la ley nacional y se debe esperar por la decisión final de la corte. Además, la atribución de poner en libertad a los ciudadanos sospechosos y acusados no corresponde a los gobiernos de las instancias, especialmente los de la base y en todo caso a los organismos de seguridad.
Fuera de las personas de buena conciencia, los implicados en dicho caso no pueden evadir su obsesión por ver reflejados sus actos en noticias y artículos publicados en medios de comunicación. Las imágenes de mujeres campesinas apedreando e insultando en forma desafiante pase lo que pase, conduce a preguntarse si han cumplido con lo predicado en la Biblia.

En la actualidad, llevar una buena vida material y religiosa es una pauta derivada de la quintaesencia del credo de todas las religiones y de la ley vietnamita que destacan el humanismo, la inclinación a lo bueno y la sociabilidad, para construir una sociedad próspera. Por eso, se aprecian a los que viven y trabajan cumpliendo la constitución y las leyes y al mismo tiempo con su creencia, mientras que los actos provocadores contra la ley no representan el espíritu religioso y así los infractores, sean lo que sean, merecen sanciones para garantizar la rigurosidad jurídica.









