La demolición se produjo en un contexto de presión sostenida de Israel sobre esta agencia de la ONU, a la que acusa desde hace años de cooperar con el movimiento Hamas en la Franja de Gaza y de mantener vínculos con los ataques perpetrados contra Israel el 7 de octubre de 2023.
Hace aproximadamente un mes, las autoridades israelíes llevaron a cabo una incursión en el mismo complejo y confiscaron determinados bienes, alegando infracciones fiscales municipales. Sin embargo, Naciones Unidas rechazó dichas acusaciones y afirmó que el complejo de Jerusalén Este “sigue siendo una instalación de la ONU, inviolable y amparada por inmunidad frente a cualquier forma de intervención”.









