(VOVworld) – El Orfanato Mang Lang, de habitaciones sencillas pero limpias, es el hogar de más de 20 personas, entre ellas, 14 niños, entre recién nacidos y uno a dos años de edad. El aire fresco que entra por las ventanas parece llevar a los niños a una dulce siesta, que velan sus madres- monjas, administradoras de este Orfanato Mang Lang, en el distrito de Tuy An, provincia de Phu Yen.
Es mediodía. El orfanato queda en silencio, y en los dormitorios, solo se escucha la respiración tranquila de 14 niños. Cada uno tiene una expresión diferente. Unos fruncen el ceño, otros muestran una ligera sonrisa, y hay los que se chupan el dedo durmiendo. La monja Nguyen Thi Kim Khue, dirige una mirada afectuosa a sus hijos y habla en voz baja para evitar despertarlos. “Pobre niños míos! A esta edad, deben de estar en los brazos de sus padres. Los queremos y los cuidamos mucho a todos, pero nada es comparable con estar en su propio hogar y con el amor maternal. Cada vez que los veo, en las cunas y pienso en su situación, me conmueve muchísimo y trato siempre de compensar sus pérdidas”, compartió Khue.
Los ojos de Kim Khue se nublan de lágrimas. Para ella, estos niños son como pequeños ángeles. “Gracias a Dios, la mayoría de ellos son fuertes. No solíamos desvelarnos pero ya nos acostumbramos a levantarnos en la madrugada para darles la leche o cambiarles pañales. Además verlos saludables y alegres nos estimula mucho para seguir”, añadió Khue.
El Orfanato Mang Lang está a cargo de hermanas de la Congregación de Devotas de la Cruz de Quy Nhon. Sus ingresos dependen del cultivo de arroz y frutos menores en un campo de 12 mil metros cuadrados, así como de la cría de aves de corral y ganado. Por situarse cerca de la Iglesia de Mang Lang, en la comuna de An Thach, del distrito de Tuy An, el Orfanato recibe de los visitantes bondadosos un recurso adicional para cubrir los gastos de la leche y los medicamentos. Con un capital limitado, las monjas deben atender la alimentación, la salud y la educación de los pequeños.

Las conversaciones despiertan poco a poco a los niños. Algunos se quedan tranquilos en la cuna, pero otros lloran. La monja Tra Thi Nhi se acerca a cada cuna, acaricia a los más pequeños y de inmediato les prepara las tomas de leche. Ella compartió: “Me preocupa mucho cómo educarles. lo que representa nuestra gran responsabilidad. Por la noche, cuando algunos lloran, recuerdo cuando era niña y mi madre se desvelaba para tranquilizarme. Entonces percibo lo inmenso del amor materno. Y ahora como madre, trato de atender de la mejor manera posible a mis hijos”.









