Cabe decir que se ven desacuerdos no sólo en las relaciones entre el gobierno y la oposición de Siria, sino también en el interior de los opositores. Esto fue demostrado con el retiro del Consejo Nacional Sirio, mayor bloque de oposición de Siria, de la Coalición Nacional, solo dos días antes de la celebración de Ginebra II. Según el jefe del Consejo Nacional Sirio, George Sabra, este grupo rechaza todas las conversaciones que no desemboque en la dimisión del presidente Bashar al-Assad.
Sin la participación de Irán
Además de dichas discrepancias, el sorpresivo retiro por la ONU de la invitación que le había formulado a Irán, país aliado del gobierno de Damasco, para que participara en Ginebra II, ha suscitado desconcierto en la opinión pública.
Pocos días antes de esta decisión, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, había criticado la negativa de la oposición siria a la participación de Irán en Ginebra II, declarando que “sin Irán, la conferencia parecerá una caricatura”. Comentó además que si el gobierno sirio se sienta a la mesa de negociaciones sin condiciones, los países que directamente financian y arman a la oposición deben responder con una acción similar.
Respaldando ese punto de vista, desde Pekín, el portavoz de la Cancillería china, Hong Lei, había afirmado que su nación otorga gran importancia al papel de los Estados en la región y los apoya en su búsqueda de una solución política al conflicto de Siria.
Por esta razón, el retiro sorpresivo de la invitación de la ONU a Irán podría provocar fuertes reacciones de Rusia y China. Por su parte, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, manifestó su esperanza en que Ginebra II sirva como “un método para la transición política en Siria”. Sin embargo, los incidentes que han ocurrido en vísperas de la celebración de la conferencia ensombrecen las aspiraciones del jefe de la principal organización multilateral.
Un año después del estallido de los conflictos sangrientos en Siria (en marzo de 2011), Moscú y Washington llegaron a un consenso de que sólo una solución política es capaz de poner fin la crisis en el país árabe. Así, en junio de 2012, funcionarios de Rusia, Estados Unidos y otras potencias mundiales se reunieron en Ginebra, Suiza, para elaborar un itinerario de transición política siria, denominada también “Declaración Conjunta de Ginebra”. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos desde entonces, las partes involucradas todavía no han avanzado en este sentido, en parte por preocupaciones sobre el papel del presidente Bashar al-Assad en un eventual proceso de transición.