En una actuación provocativa y peligrosa, la República Democrática Popular de Corea declaró el 30 de marzo el estado de guerra con Seúl y así todos los problemas a nivel de Estado que surjan entre el Norte y el Sur serán abordados con un planteamiento de guerra. Un día después, el dirigente norcoreano, Kim Jong Un proclamó en una reunión del Comité Central del Partido del Trabajo la necesidad de mejorar el arsenal nuclear y desarrollar el sector de energía atómica para aumentar el rendimiento eléctrico y lanzar más satélites. Pyongyang advirtió que las bases militares de Estados Unidos en Japón y Corea del Sur serán los primeros blancos de ataques si estalla la guerra en la península. Además, Kim Jong Un orientó dirigir los cohetes estratégicos hacia los enclaves militares norteamericanos en Corea del Sur y el Océano Pacifico, después de que el Pentágono movilizara dos aviones furtivos nucleares B-2 a la península coreana. Mientras tanto, fuentes de Seúl revelaron el número creciente de soldados y vehículos militares desplegados en puestos de lanzacohetes en Corea del Norte. Medios reportan de la disposición de combate decretada para todo el país que incluye el camuflaje de vehículos militares y pancartas que exhortan a la eliminación de los imperialistas norteamericanos y urgen al pueblo a emplear menos palabras y más acciones para luchar. Por su parte, la Casa Blanca calificó la amenaza de Pyongyang de “muy seria” y reafirmó que junto a su aliado Seúl vigilará todos los movimientos norcoreanos, reiterando acusar a Pyongyang de provocar unilateralmente las tensiones en la península. Entretanto, Tailandia y Filipinas elaboraron planes de evacuar a sus ciudadanos de Corea del Sur ante el temor de una guerra intercoreana.


En el mes de julio de 2013 se cumplirán los 60 años de la firma del alto al fuego entre ambas partes que puso fin a una guerra durante 3 años que cobró la vida de más de 3 millones de habitantes. Tras 60 años, Corea del Sur, de un país agrícola pobre se ha convertido en una gran potencia económica del mundo mientras su estado vecino enfrenta todavía las secuelas de guerra con el ingreso per cápita equivalente a la África subsahariana. Por eso, Pyongyang espera con ansia una reforma con políticas de apertura. No obstante, las medidas de embargo tomadas por Estados Unidos y el Occidente no pueden impedir la determinación norcoreana de desarrollar armas nucleares. Si las partes implicadas continúan haciendo ostentaciones de fuerzas militares en lugar de los diálogos, el proceso de paz en la península sigue siendo una quimera.









