
La investigación de la ONU se lleva a cabo luego de recibir 13 informes, principalmente de Francia, Reino Unido y Estados Unidos, sobre el posible empleo de agentes químicos en Siria. Francia aseguró que el gas sarín ha sido utilizado en varias ocasiones a nivel local en Siria. Mientras, la Casa Blanca insistió en que lo hizo Damasco, advirtiendo que el gobierno presidido por Al Assad había cruzado la línea roja, lo que de ser así obligará a la comunidad internacional a una intervención militar. Sin embargo, pese a tales acusaciones, hasta el momento ni Estados Unidos, ni sus aliados europeos han mostrado prueba alguna. La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) aduce que Siria dispone de cientos de litros de sustancias químicas y produce anualmente cientos de toneladas con fines bélicos y hasta lo considera el mayor arsenal químico del Oriente Medio.
Ante dichas denuncias, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Siria respondió que este país nunca utilizará las armas de destrucción masiva o cualquier armamento de esta índole del que dispusiera contra civiles y que su uso será controlado en el caso en que el país fuera atacado desde el exterior. El embajador sirio ante la ONU, Bashar Ja´afri estimó que las infames acusaciones sobre el uso de armas químicas en su país persiguen fines políticos. Rusia también coincidió en que algunos países occidentales están proclamando a bombo y platillo el supuesto uso de armas químicas en Siria, y recordó como el mundo presenció una cruenta injerencia militar extranjera en Irak con el mismo pretexto de la existencia de armas de exterminio masivo, que al final resultó una pura mentira.

Mientras que la historia sobre las armas químicas en Siria todavía se mantenía detrás de una cortina de humo, los países occidentales se apresuraron en echarle mano como justificación clave para desbloquear el suministro de armas a las fuerzas opositoras.
Esta vez, solo dos días después de la llegada de los inspectores de la ONU, grupos opositores en Siria difundieron en la red internacional imágenes de cadáveres en las afueras de la capital, asegurando que son las últimas víctimas de los ataques con armas químicas de las fuerzas gubernamentales el pasado 20 de agosto. La opositora Coalición Nacional de Siria (CNS) llamó a una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU. En una reacción llamativamente rápida, el canciller británico, William Hague declaró que Londres presentará el caso al Consejo de Seguridad y expresó su esperanza de que tales ataques desengañen a los seguidores de Al-Assad sobre la naturaleza de su régimen. A su vez el presidente francés, Francois Hollande llamó a los investigadores internacionales a examinar de inmediato la escena de esos ataques. Por su parte, el Ejército sirio negó las acusaciones de los opositores y las calificó como señales del histerismo y embarazo de las fuerzas anti gubernamentales. En la opinión del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, parece que pretenden erosionar con esas montadas acusaciones los esfuerzos por convocar una conferencia de paz internacional sobre Siria, prevista a celebrarse en Ginebra, Suiza.
Siria ha padecido una sangrienta guerra civil desde marzo de 2011, que dejó más de 100 mil muertos y obligó a millones a desplazarse o refugiarse en otros países. Mientras se empantanan los esfuerzos por la reconciliación, aprovecharse de las acusaciones de supuesto uso de armas químicas solo enredará aún más la situación en Siria y hará que ruede por tierra el empeño por lograr un arreglo pacífico para la crisis en el país árabe.









