Llevando una camiseta en la cual se imprime la bandera roja con una estrella amarilla, insignia nacional y la mochila a la espalda, Bach toma la mano de Marina, y desciende del autobús en la ribera del Lago de la Espada Restituida, en el centro de la ciudad, ya que en un tiempo, este tipo de vehículo se vinculaba con su infancia. “En esa época, estudiaba en el preuniversitario y había muy pocos ómnibus, tenía que levantarme temprano y esperar mucho tiempo, sobre todo en el invierno. Ahora, los autobuses son mucho más modernos y la calidad del servicio también es mejor. Al volver a la urbe no conozco muchas calles y el ayudante del chofer me indica concretamente.”

El estudiante Phan Huy Bach en Hanoi, su tierra materna
En sus alrededores se escuchan bocinas de automóviles, voces, anuncios de vendedores ambulantes y sonrisas cordiales de ancianos que pasean por el lago. Las imágenes y sonidos conocidos en un tiempo impacientan al hijo que vive lejos de la tierra de origen. Para él, anteriormente Hanoi tenía pocas calles, vehículos y polvo. La ciudad cambió rápidamente y ahora está más animada y extraña.
Desde el Lago de la Espada Restituida, Bach y Marina se toman de las manos, mientras caminan hacia los barrios antiguos. Mezclándose en la corriente humana en la calle de Hang Ma (Artículos votivos), Bach se la presenta a su amiga: “Esta calle se llama Hang Ma. Antes era muy pequeña y no bulliciosa como ahora. Aquí se hacen caballos, carros y ropas de papel que se queman en las calles. En el Tet, fiesta tradicional del Año Nuevo Lunar, se venden adornos votivos de color amarillo, símbolo de la suerte y riqueza.”

Sobrepasando la calle de Hang Ma, la pareja acude a Hang Duong (Calle del Azúcar), compran y paladean confituras de frutas agrias, picantes y dulces. A Marina le gustan estas mermeladas y comparte: “En mi país, en cada calle solo hay 2 o 3 tiendas grandes. Sin embargo, en Hanoi a cada paso se encuentra un tenderete y todos los lugares son efervescentes. Los habitantes de la ciudad son muy hospitalarios y sonríen conmigo aunque no sé el vietnamita. Bach y yo compraremos más frutas confitadas para poner en el altar, ya que cuando vivía, a su abuela le gustaban mucho.”

Mientras caminan despaciosamente, Bach indica a su amiga cada barrio antiguo y sus ojos no se separan de las casas y tiendas en ambos lados de la calle. Ya se encuentran en la calle Ly Quoc Su, delante de un restaurante de "pho", una típica comida de Hanoi.
Al parecer Marina comprende la reflexión de Bach, y dice: “Las comidas vietnamitas son raras y sabrosas. Los vietnamitas comen mucho arroz. Sé que la pasta del Pho también es hecha de arroz. Trato de recorrer, fotografiar y probar manjares para comprender más el país y a los vietnamitas.”

Tras un día de paseo por las calles hanoyenses, Marina ve que la tierra de procedencia de Bach es realmente atractiva. Está pasmada ante la belleza ingenua de calles y casas pequeñas, y le interesan los bonitos regalos que se venden en el casco de Hanoi. Para ella, Vietnam es una tierra extraña que quiere descubrir. “Esta es la primera vez que realizo un viaje turístico a un lugar lejano y el destino es Vietnam. Hanoi es una ciudad muy interesante. Me impresiona mucho la comunicación humana aquí. La urbe cuenta con varios medios de transporte como las bicicletas, motos, automóviles, incluso bicicletas eléctricas.”

Para Bach, 8 años atrás Hanoi no tenía puestos de venta de comidas instantáneas, ni cafeterías Highlands ni anuncios lumínicos en las calles céntricas. Sin embargo, quedan aún casas pequeñas recostadas unas a otra. En las calles, la corriente humana sigue su ritmo acelerado y los autobuses amarillo, rojo y blanco llegan y se van.









