(VOVworld) – La arena política de Egipto continúa registrando “nuevas olas perturbadoras” después de la disolución del Parlamento y el rechazo del decreto presidencial sobre la reanudación de las sesiones legislativas, por parte del Tribunal Supremo Constitucional. Estos sucesos condujeron a diferendos entre el mandatario elegido democráticamente, Mohamed Mursi y el Ejército en el poder.
Previsiblemente después de las históricas pasadas elecciones presidenciales, Egipto continúa “hundiéndose” en las competencias de poder. En cuanto el nuevo mandatario egipcio ordenó reanudar el trabajo del Parlamento disuelto el pasado 8 de julio por la Alta Corte Constitucional, la opinión pública nacional mostró reacciones contrarias. Mientras que el Ejército y el Tribunal pidieron el acatamiento de todas las decisiones judiciales, el Gobierno de Mursi afirmó que el restablecimiento del Parlamento se basa por completo en los principios de la Constitución. La declaración del nuevo mandatario, líder del movimiento “Hermanos musulmanes” causará casi con toda seguridad más discrepancias con las autoridades militares.
A tono con el decreto presidencial, el Parlamento se reunirá nuevamente para ejercer sus prerrogativas hasta que se cree un nuevo Gabinete. El portavoz de Mursi dijo que la reanudación de las actividades legislativas no viola ni va en contra de la decisión de la Alta Corte, sino respeta los criterios de la Constitución. Por ende, las elecciones parlamentarias anticipadas se organizarán dentro de 60 días después de la ratificación de la nueva Constitución en un referéndum.

Lo más candente radica en las diferencias entre el Ejército y los Hermanos Musulmanes. La elección de Mursi como nuevo presidente egipcio marcó un viraje en el itinerario hacia la democracia en el país de pirámides desde la caída del régimen de Hosni Mubarak. La victoria de Mursi significó el poder para los Hermanos Musulmanes después de 84 años de su fundación. No obstante, desencadenó competencias de poder entre esta organización y el Ejército. La decisión del presidente de restablecer las prerrogativas del Parlamento donde la mayoría de asientos pertenecen a los Hermanos Musulmanes, agudizó las discrepancias. Observadores estimaron que Mursi pretende alcanzar el poder que retiene el Ejército. La recuperación de las facultades legislativas persigue ampliar el poder presidencial en las políticas importantes del país, ya que la anulación del Parlamento conducirá a luchas por el poder entre las dos facciones e invalidar la victoria del nuevo mandatario.
En la opinión pública predomina el temor de que Egipto entrará en una nueva crisis política. Las diferencias entre el Ejecutivo y el Ejército no parecen que habrán de superarse en el futuro cercano./.









