
En un rincón de la exhibición, todos los ojos miran una choza de madera, muy parecida a la casa sobre pilotes de Vietnam pero con columnas más cortas y en esta vivienda habitualmente se cuelgan cestas, canastas y hamacas hechas de fibras de moriche, un género de palmas que crece en América intertropical y tiene tronco liso, recto y de gran altura. En otra parte de la sala de exposición, destaca una máscara de diablo de diferentes colores, de los que resalta la gama de rojos, asustando a los visitantes. Se trata de la máscara de los diablos danzantes de Yare, una festividad religiosa reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2013.


La mayoría de los productos exhibidos, entre ellos, cestas, sombreros, y sandalias se vinculan estrechamente con la vida cotidiana de los habitantes indígenas, entre ellos, Lilisbeth Aguilera de la comunidad indígena Warao, cuya población se concentra en el delta del Orinoco de Venezuela que lidia con Colombia. Esta artesana presenta a los visitantes algunas materias primas especiales que sirven para crear muestras en la exposición. “Esta es la fibra con la que tejemos, el moriche, lo que me regala la Madre de Naturaleza. Desde muy pequeña, a partir de los 6, 7 o 8 años de edad, aprendemos a trabajar en la artesanía. Hacemos belleza de artesanía, viendo a nuestros abuelos haciendo la artesanía”, dijo Lilisbeth.
Las políticas preferenciales del Gobierno venezolano han traído oportunidades de desarrollo para numerosos artesanos, entre ellos, Lilisbeth Aguilera. En su visita a una aldea de oficio en el distrito de Mai Chau, provincia norteña de Hoa Binh para divulgar los productos originales de Venezuela e intercambiar experiencias profesionales con los compañeros vietnamitas, la artesana del país bolivariano se enteró de la similitud en las actividades productivas y en la vida cotidiana entre los étnicos locales y las comunidades indígenas venezolanas. En esta ocasión, Lilisbeth encontró un material completamente similar al que les sirve a sus paisanos para hacer la artesanía. “Me di cuenta de que había mucha bora en el río y me causó una alegría grande. Fíjate que en Venezuela, la bora se puede hacer diferentes tipos de artesanía. Tejemos la bora, hacemos belleza, sombreros, bolsos, sandalias, panera y cestas,…”, reveló Lilisbeth.











