La invitación del rey Carlos III convierte a Trump en el primer presidente estadounidense en ser recibido dos veces en visita de Estado.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos. (Foto: Xinhua/VNA) |
Recepción solemne
El 17 de septiembre Trump y su esposa son recibidos con honores en el castillo de Windsor, en un acto que está encabezado por el propio monarca. Durante la jornada el inquilino de la Casa Blanca deposita una ofrenda floral en la tumba de Isabel II y asiste a un concierto del coro de la capilla de San Jorge.
El punto culminante será el banquete de Estado en el Palacio de Windsor, previsto para mañana, en el que el rey Carlos III y el presidente Trump pondrán de relieve los vínculos históricos y la relación privilegiada que une a ambos países.
El mandatario estadounidense también mantendrá un encuentro con el primer ministro, Keir Starmer, para abordar asuntos bilaterales y transatlánticos en un contexto de tensiones derivadas de los cambios estratégicos de Washington y las diferencias europeas en cuestiones internacionales.
Analistas consideran esta visita un momento decisivo para las relaciones entre Estados Unidos y Reino Unido y, en general, para la alianza occidental. Londres apuesta por un acuerdo estratégico con la administración Trump, consolidando el simbolismo de los gestos reales, dada la simpatía que el mandatario ha expresado por la monarquía británica.
El historiador Robert Lacey señaló: “Esta es la primera vez que un jefe de Estado extranjero ha sido invitado por el monarca británico mediante una carta de invitación directa. Esto demuestra que hay muchos cálculos políticos en este acontecimiento”.
En la misma línea, Olivia O’Sullivan, directora del programa Reino Unido en el mundo de Chatham House, destacó la importancia del encuentro para Downing Street ante la imprevisibilidad de Washington.
O’Sullivan señaló: “Esta es una gran invitación por parte del Reino Unido, ya que invitar dos veces a un mandatario para una visita de Estado es algo poco habitual. El Reino Unido está decidido a lograr algo estratégico y significativo en esta visita de Trump”.
Tecnología, energía e inversiones
Una de las prioridades de Londres es atraer inversión. En vísperas de la visita ambos países acordaron reconocer mutuamente los estándares de seguridad de los reactores nucleares modulares pequeños (SMR). Además, el 11 de septiembre pasado el gobierno británico anunció un contrato de 400 millones de libras (543 millones de dólares) con Google Cloud para reforzar el intercambio de información confidencial y las comunicaciones seguras con Estados Unidos.
El pacto prevé nuevas inversiones y la contratación de expertos en territorio británico. Reino Unido quiere extender esta cooperación a sectores como las finanzas, la inteligencia artificial, la supercomputación y la computación cuántica.
La agenda también incluye los principales retos geopolíticos: los conflictos en Ucrania y Gaza, así como el posible reconocimiento del Estado palestino. Starmer y otros líderes europeos intentan convencer a Trump de endurecer su postura frente a Moscú y facilitar negociaciones de paz, aunque la Casa Blanca mantiene una línea más cauta de lo que Europa desea.
“Se trata de un difícil equilibrio para Keir Starmer y el gobierno británico, porque hay cosas que él desea, como la inversión estadounidense en tecnología o la cooperación en alta tecnología, y por ello Estados Unidos también podría exigir concesiones por parte del Reino Unido”, afirmó O’Sullivan.
Otro asunto sensible son los aranceles. Washington ha insistido en mantener gravámenes a sus socios, incluido el Reino Unido, y ha instado a la Unión Europea y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a imponer tarifas más altas a China e India como presión sobre Rusia.
Los expertos advierten de que, sin una gestión cuidadosa, estas tensiones pueden obstaculizar los objetivos de la visita y las expectativas de consolidar las relaciones bilaterales.









