Hasta la tarde del sábado, las llamas habían alcanzado un perímetro de unos 80 kilómetros y arrasado más de 15.400 hectáreas de superficie forestal. La gravedad de la situación obligó a las autoridades a declarar el nivel 2 de emergencia, debido al riesgo para la población y las infraestructuras.
Con el fin de controlar el incendio, se desplegó un amplio operativo integrado por bomberos, efectivos militares y unas 30 aeronaves de extinción. Además, cerca de 1.000 residentes de seis municipios fueron evacuados de forma preventiva.
Este nuevo incendio se suma al registrado el pasado 9 de julio en Andalucía, en el sur del país, donde murieron 13 personas y unas 7.000 hectáreas quedaron calcinadas.
Desde principios de año, la superficie forestal arrasada por las llamas en España supera ya las 72.000 hectáreas.
Las previsiones indican que el riesgo aumentará en los próximos días, ya que España afrontará a comienzos de la próxima semana la tercera ola de calor del verano, con temperaturas superiores a los 40 °C en amplias zonas y picos de hasta 45 °C.
Las autoridades expresaron su preocupación por el riesgo de que estas condiciones extremas favorezcan la aparición de nuevos incendios forestales durante el resto del verano.




