Cuentan que su voz afilada y febril retumbó aquella noche, que derramó jirones de afecto en cada palabra, mientras con
su mirada limpia rastreaba los rostros de sus anfitriones: Le Duan, Truong Chinh, Pham Van Dong, Vo Nguyen Giap… Casi al final del discurso Fidel levantó su copa, y brindó “por la
eterna e
indestructible amistad de los pueblos de Vietnam y Cuba”.