“En el budismo, la ceremonia de la ofrenda de alimentos a los monjes se remonta a miles de años, a la época en que Buda aún vivía. Siguiendo sus enseñanzas, esta ceremonia se celebra cuando las condiciones lo permiten, especialmente durante las festividades, el Año Nuevo y, en particular, el Sene Dolta. Algunas pagodas organizan el rito durante todo un mes con motivo de esta festividad, mientras que en la pagoda Somrong Ek se prolonga durante 15 días. Su finalidad es dedicar los méritos acumulados a nuestros padres y antepasados”.
Así lo explica Thach Chia, achar o guía religioso tradicional de la comunidad jemer en Nguyet Hoa. La ceremonia incluye homenajes a Buda, la toma de refugio en las Tres Joyas, enseñanzas del Dharma y recitaciones de sutras para pedir protección y paz, así como para honrar a los difuntos y orar por su descanso.
El venerable Kim Ba, abad de la pagoda Somrong Ek, explicó el significado de esta práctica: “Según la tradición jemer, los fieles ofrecen alimentos a los monjes con motivo de diversas celebraciones, como el Año Nuevo jemer (Chol Chnam Thmay), la festividad de Ok Om Bok y la ceremonia de Kathina, durante la cual se ofrecen túnicas a los monjes. En el caso del Sene Dolta, la ceremonia se celebra del día 16 al 30 del octavo mes lunar. Según la creencia tradicional, durante este período los difuntos regresan a sus hogares y a las pagodas para recibir los méritos que sus descendientes les dedican”.
Los orígenes de este rito se encuentran en los relatos sobre la vida de Buda, quien recorría los caminos junto a sus discípulos para recibir limosnas. Los habitantes les ofrecían alimentos voluntariamente, en un gesto de generosidad que ocupa un lugar central en el budismo theravada.
Para los monjes, recibir limosnas forma parte de la disciplina espiritual y de la práctica del desapego material. Para los fieles, depositar una cucharada de arroz o un paquete de pasteles en el cuenco de un monje va más allá de compartir alimentos: es una forma de cultivar la generosidad, vencer la codicia y acumular méritos espirituales para sí mismos y sus familias.
Esta dimensión espiritual cobra especial relevancia durante la festividad del Sene Dolta, dedicada a honrar a los familiares fallecidos. Según las creencias jemeres, las almas de los difuntos reciben los méritos que les dedican sus descendientes. Por ello, las familias preparan con antelación los alimentos y los recursos necesarios. Algunas, además, se organizan por turnos para acudir a la pagoda durante los 15 días que dura la celebración.
Thach Suon, vecino de la comunidad jemer de Nguyet Hoa, explicó cómo participa su familia en esta tradición: “Desde hace medio mes, acudimos todos los días a la pagoda para depositar nuestras ofrendas. Cuando no podemos ir, enviamos a nuestros hijos o nietos en nuestro lugar. Preparamos los alimentos con antelación, por lo que no nos resulta difícil cumplir con esta costumbre. Como es una ceremonia que se celebra cada año, ya forma parte de nuestra vida cotidiana. Según la tradición, durante estos días las almas de los difuntos regresan al mundo de los vivos. La ofrenda de alimentos a los monjes es una de las formas de dedicar méritos a nuestros abuelos y padres fallecidos”.
Una vez recibidas las ofrendas, los monjes se reúnen en el comedor de la comunidad monástica para recitar sutras y rezar por el bienestar de los vivos y el descanso de los difuntos.
Posteriormente, los alimentos se reparten por igual, sin distinción entre quienes han aportado más y quienes han contribuido menos. Los asistentes comparten la comida, conversan y se interesan por la salud de los demás, en un encuentro que fortalece los lazos comunitarios y la solidaridad, pese a las ocupaciones de la vida cotidiana.
Thach Chia destacó la importancia de estos encuentros: “Me alegra ver que cada día acuden numerosos fieles, tanto de cerca como de lejos, para participar en la ceremonia. Su presencia refleja, ante todo, el espíritu de solidaridad de nuestra comunidad. La ofrenda de alimentos a los monjes no solo expresa la piedad filial hacia nuestros padres, sino que también nos permite reencontrarnos, interesarnos unos por otros y desearnos salud y bienestar. De este modo, nuestros lazos comunitarios se fortalecen aún más”.
En la pagoda Somrong Ek, esta práctica trasciende el ámbito religioso y contribuye a preservar el respeto a los antepasados, la gratitud hacia las generaciones anteriores y la solidaridad entre vecinos. Estos valores forman parte del patrimonio cultural de la comunidad jemer del sur de Vietnam y se transmiten de generación en generación.








