Esta medida supone una nueva escalada del conflicto entre ambos países y amenaza con generar graves repercusiones económicas no solo para Irán, sino también para Oriente Medio y la economía mundial.

Las nuevas sanciones fueron anunciadas por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, cinco días después de que el presidente Donald Trump declarara el inicio de una guerra económica de una magnitud sin precedentes contra Irán.

Un nuevo frente de presión

Según las medidas anunciadas por Bessent, Washington amplía la amenaza de imponer sanciones secundarias a organizaciones y países que continúen realizando operaciones con Teherán, con especial atención a cinco sectores: activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo.

Estados Unidos también sancionó a 60 personas, empresas y buques sospechosos de ayudar a Irán a obtener ingresos petroleros, adquirir armamento o desarrollar actividades cibernéticas. Las medidas afectan a entidades de distintos países y territorios, entre ellos Emiratos Árabes Unidos, Hong Kong, China, Singapur y varios Estados europeos.

Bessent señaló que las nuevas medidas forman parte de la campaña que la Administración Trump denomina “D-Day económico”, cuyo objetivo es aislar financieramente a Irán y cortar los recursos que le permiten sostener su economía en un conflicto que se prolonga desde hace casi seis meses.

El secretario del Tesoro también lanzó una advertencia directa a los países que mantienen relaciones económicas con Irán, al afirmar: “Cada país tiene un plazo específico para poner fin a las actividades que hemos identificado. Si no actúan, aplicaremos unilateralmente las medidas mediante las facultades del Departamento del Tesoro. Quiero dejarlo claro: cualquier entidad que facilite actividades de blanqueo de dinero en nombre de Irán será excluida del sistema de transacciones en dólares estadounidenses. La cuenta atrás ya ha comenzado”.

En respuesta a la nueva ofensiva económica de Washington, el Gobierno iraní aseguró que está preparado para afrontar cualquier escenario. El ministro de Economía y Finanzas de Irán, Ali Madanizadeh, subrayó: “Han empleado todos sus recursos durante todo este tiempo. Han intentado poner a prueba la determinación del pueblo y de los funcionarios iraníes, y siempre han fracasado. Parece que ahora han decidido intentarlo una vez más y volver a fracasar. Hace mucho tiempo que prevemos que llegarían estos acontecimientos y, por ello, hemos preparado planes de respuesta para los próximos dos años”.

De esta manera, las autoridades iraníes han reafirmado que las nuevas sanciones no alterarán su determinación de defender la independencia, la soberanía y los intereses nacionales, y han advertido de represalias contra intereses económicos de Estados Unidos y sus aliados.

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, afirmó el 22 de agosto que su país enfrenta una “guerra total” en los frentes económico, militar y de seguridad, dejando abierta la posibilidad de responder por todos los medios, incluida la fuerza militar.

La incógnita de los terceros países

Uno de los principales interrogantes es cómo reaccionarán los países que mantienen vínculos comerciales y de inversión con Irán ante el riesgo de que las sanciones secundarias de Estados Unidos afecten a sus bancos y empresas. Bessent advirtió que estos países podrían sufrir el mismo aislamiento que Irán, aunque no precisó cuáles se verían afectados ni cuándo entrarían en vigor las medidas. Señaló únicamente que Trump ha hablado con varios dirigentes para presionarlos a reducir sus relaciones económicas con Teherán.

Para los analistas, además de la capacidad de Irán para resistir la presión, el éxito o el fracaso de la nueva ofensiva económica estadounidense dependerá en gran medida de un grupo de países, especialmente de China, la segunda mayor economía mundial, que mantiene estrechos vínculos comerciales con Irán y es uno de sus principales compradores de petróleo. Según estimaciones, China absorbe hasta el 80 % de las exportaciones petroleras iraníes.

El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lin Jian, declaró: “China se opone a las sanciones unilaterales ilegales que carecen de fundamento en el derecho internacional y no cuentan con la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Instamos a las partes a actuar de manera responsable y a seguir buscando una solución a través de medios políticos y diplomáticos”.

Andrew Miller, experto sénior del Centro para el Progreso Estadounidense, considera que las nuevas sanciones de Estados Unidos contra Irán y los países que comercian con Teherán han puesto de manifiesto que el conflicto no ha acercado a Washington a sus objetivos de eliminar el programa nuclear ni de debilitar al Gobierno iraní.

Aunque estas sanciones económicas pueden ejercer una presión considerable sobre Irán, Miller estimó que es poco probable que, por sí solas, conduzcan a una solución rápida y favorable a Estados Unidos.