La orientación mencionada por el líder vietnamita no solo sirve como una directriz para el desarrollo interno, sino que también refleja la visión de política exterior de Vietnam: consolidar la fuerza interna para integrarse proactivamente al mundo y elevar el posicionamiento nacional.
La autonomía estratégica comienza desde la fuerza interna
La autonomía estratégica no significa aislamiento, sino la preservación del derecho a la autodeterminación en la elección de la vía de desarrollo y el aprovechamiento productivo de recursos internacionales en beneficio de los intereses nacionales.
En este sentido, el embajador Nguyen Quang Khai, experto en asuntos exteriores de Vietnam, consideró que el elemento novedoso en el mensaje transmitido por el secretario general y presidente To Lam en el Tercer Pleno del Comité Central del Partido en su XIV mandato radica en el cambio de una mentalidad reactiva hacia una mentalidad orientada a la creación de capacidades nacionales. El diplomático expresó: “Creo que el mensaje del secretario general y presidente To Lam reviste un significado muy importante para Vietnam en esta nueva era. Desde la perspectiva de la política exterior, la autonomía estratégica y el fortalecimiento de la capacidad de acción nacional representan una transición de una posición pasiva a otra proactiva. Una nación solo alcanza un verdadero posicionamiento cuando cuenta con una sólida fuerza interna y posee la capacidad de transformar las oportunidades externas en motores de desarrollo. Por ello, la autonomía estratégica está siempre vinculada a la capacidad de acción nacional, es decir, a la aptitud de convertir las decisiones en resultados concretos a través de una gobernanza eficaz, una economía de alta resiliencia y una diplomacia activa y flexible”.
Asimismo, según el embajador Nguyen Quang Khai, si la autonomía estratégica es la capacidad de elegir el rumbo correcto, la capacidad de acción nacional es precisamente la facultad de transformar esa elección en resultados concretos.
Los resultados alcanzados por Vietnam en los primeros seis meses del año reflejan en parte esa capacidad. La red de asociados se ha ampliado y la diplomacia económica ha propiciado cientos de acuerdos de cooperación, de los cuales una gran proporción corresponde a los sectores de la ciencia, la tecnología y la innovación. El crecimiento del PIB alcanzó un 8,18 %, el nivel más alto en muchos años, lo que demuestra que las grandes directrices se están transformando paso a paso en resultados tangibles.
La comunidad internacional reconoce cada vez más a Vietnam no solo como una economía de rápido crecimiento, sino también como un país con capacidad para ejecutar políticas y mantener la estabilidad a largo plazo. La clasificación de Vietnam por parte del Banco Mundial (BM) como país de ingresos medianos altos es una prueba de ello.
La directora del BM en Vietnam, Mariam Sherman, señaló: “Este hito contribuye a consolidar aún más la confianza internacional en las perspectivas económicas a largo plazo de Vietnam y en el posicionamiento del país como un destino de inversión. Vietnam cuenta ya con numerosos factores fundamentales: una fuerza laboral joven y altamente cualificada, estabilidad macroeconómica, una ubicación estratégica en el centro de la región de crecimiento de Asia y, quizás lo más importante, una sólida ambición y la disposición a reformarse y adaptarse. El próximo capítulo de Vietnam estará definido no solo por el ritmo de crecimiento, sino también por la calidad de ese crecimiento”.
Autonomía para una integración más profunda
El ritmo de crecimiento y la capacidad de mantener las reformas y preservar la estabilidad macroeconómica son factores que consolidan la confianza estratégica de la comunidad internacional en Vietnam. En un mundo convulsivo, la confianza estratégica se convierte cada vez más en un activo valioso en las relaciones entre los países, cimentado en la capacidad de acción y en la facultad de transformar las visiones en resultados y los compromisos en realidades.
El mensaje de To Lam en el Tercer Pleno reafirma, por ende, la postura constante de Vietnam: cuanto más sólida sea la fuerza interna y la capacidad de acción de un país, mejor será su aptitud para expandir una cooperación equitativa, eficaz y sostenible. Este lineamiento va de la mano con la visión de política exterior que el máximo dirigente ha subrayado en reiteradas ocasiones.
“Determinamos que la integración internacional es un motor fundamental para el desarrollo del país. Para gozar de la paz y del desarrollo, es preciso abrirse al exterior. En la práctica, la economía de Vietnam tiene un nivel de apertura muy elevado. En materia de seguridad, el país también está estrechamente vinculado a la seguridad regional y mundial. Consideramos necesario valorar y elevar el nivel de la integración internacional, entendiéndola como un impulso para el desarrollo y como una vía primordial para alcanzar las metas estratégicas de la nación”.
Sobre la base de la autonomía estratégica y una capacidad de acción cada vez más fortalecida, Vietnam reafirma no solo una visión acertada de desarrollo, sino también la aptitud de hacer realidad esa visión. La capacidad de acción continuará afianzando la confianza de la comunidad internacional, promoviendo una integración cada vez más amplia y profunda del país en el mundo.








