Al margen del encuentro, el primer ministro de Papúa Nueva Guinea, James Marape, subrayó que se trata de una cuestión moral, ya que algunos Estados soberanos afrontan incluso el riesgo de desaparecer como consecuencia de decisiones adoptadas en otros países.
El comisario europeo de Acción por el Clima, Wopke Hoekstra, reconoció que la respuesta internacional sigue siendo insuficiente. Según la ONU, los países en desarrollo necesitan entre 310.000 y 365.000 millones de dólares anuales para adaptarse al cambio climático, frente a los apenas 26.000 millones movilizados en 2023.
El Fondo de Resiliencia del Pacífico, creado por los líderes regionales con el objetivo de movilizar 500 millones de dólares, ha recibido hasta ahora compromisos por menos de la mitad de esa cantidad. Fiyi acaba de anunciar una nueva aportación de 10 millones de dólares.
La ministra de Cambio Climático de Fiyi, Lynda Tabuya, pidió a la COP31 reformar y simplificar los procedimientos para el desembolso de fondos. Consideró injusto que una región que apenas contribuye a las emisiones sea, en cambio, una de las más afectadas por sus consecuencias.
Ese mismo día, Australia anunció una inversión de 33 millones de dólares australianos, unos 22 millones de dólares estadounidenses, en infraestructuras de transporte y comunicaciones en Papúa Nueva Guinea, Fiyi, Kiribati y Tuvalu para hacer frente a la erosión costera y al aumento del nivel del mar.






