Pese a las expectativas, la complejidad de la agenda sugiere que el camino hacia acuerdos concretos será sinuoso.
El factor Oriente Medio
Originalmente programado para marzo, el viaje se pospuso tras la escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán a finales de febrero. Washington busca que Beijing asuma un rol más activo en la resolución del conflicto, específicamente en la reapertura del estrecho de Ormuz. Sin embargo, los expertos advierten sobre una brecha de intereses.
Ryan Hass, director del Centro de China del Instituto Brookings (Estados Unidos), comentó: “Tanto Trump como Xi comparten el interés común de evitar que el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se intensifique o se extienda. Creo que ambos países desean que el conflicto termine cuanto antes, ya que no beneficia a ninguno de los dos”.
Según Ryan Haas, el nivel de preocupación de Estados Unidos y China respecto al conflicto en Oriente Medio es completamente diferente. Estados Unidos busca alcanzar rápidamente un acuerdo con Teherán, mientras que a China no le preocupan demasiado las consecuencias a largo plazo del conflicto, gracias a su gran influencia en seguridad, energía y cadenas de suministro. Por lo tanto, la capacidad de Trump para persuadir a los líderes chinos de que tomen medidas más contundentes en el asunto de Oriente Medio sigue siendo una gran incógnita.
Por su parte, el profesor Alejandro Reyes, del Departamento de Política y Administración Pública de la Universidad de Hong Kong, coincidió en esta opinión y estimó que no se deben depositar demasiadas expectativas en la cumbre en Beijing. Según el experto, China e Irán tienen estrechos lazos económicos y energéticos, pero son relativamente independientes en términos de seguridad y política exterior, y es poco probable que los mayores “obstáculos” entre Estados Unidos e Irán, incluidos el estrecho de Ormuz y la cuestión nuclear, se resuelvan mediante la influencia externa. Reyes añadió: “Creo que Estados Unidos, y Donald Trump en particular, a veces sobrestiman la influencia de China sobre algunos de sus socios en todo el mundo, incluido Irán. La idea de que Irán obedecerá y hará todo lo que Beijing quiera no es la forma correcta de entender la relación entre ambos países”.
Afán de establecer un marco para la cooperación y la competencia
Más allá de la geopolítica, el núcleo de las relaciones sigue siendo económico. La inclusión de líderes tecnológicos como Elon Musk (Tesla) y Tim Cook (Apple) en la comitiva estadounidense confirma que el comercio y la innovación dominan la agenda.
Henrietta Levin, experta del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), consideró que esta cumbre entre Trump y Xi podría ayudar a ambas partes a establecer un marco estratégico más estable y a largo plazo para las relaciones bilaterales, al tiempo que se aclaran algunas reglas de cooperación y competencia en áreas clave como semiconductores, chips de inteligencia artificial (IA) y tierras raras. Levin manifestó: “Estados Unidos se centrará en obtener rápidamente beneficios comerciales en esta cumbre. Actualmente, Estados Unidos está muy interesado en la promesa de China de comprar más productos agrícolas, especialmente soja. La administración estadounidense busca importantes beneficios económicos para varias comunidades, sobre todo de cara a las próximas elecciones de mitad de mandato en noviembre”.
Según estimaciones, el cara a cara entre Trump y Xi también puede impactar en gran medida en muchos otros asuntos globales importantes, desde cuestiones comerciales y arancelarias y la gestión estratégica de la cadena de suministro global, hasta las pugnas geopolíticas en diversas regiones.
Kenneth Quinn, exembajador de Estados Unidos en Camboya, opinó: “La relación entre Estados Unidos y China es vital para ambos países y para el mundo. Creo que se encuentra en un punto crítico. Hay fuerzas que los separan, pero también otras que intentan fortalecer sus vínculos”.
En general, los observadores no tienen grandes expectativas de que la próxima cumbre entre Estados Unidos y China provoque un avance decisivo en las relaciones entre las dos mayores economías del mundo.
Sin embargo, según el experto Ryan Hass, el mero hecho de que sus máximos líderes dialoguen de forma directa y regular ya es muy significativo para los propios países y para el resto del mundo. El hecho de que Estados Unidos y China puedan ponerse de acuerdo sobre lo que debe evitarse para no perjudicar las relaciones bilaterales es, en ocasiones, más importante que cualquier resultado concreto que puedan alcanzar.








