Sin embargo, las condiciones planteadas por Moscú y Kiev ponen de manifiesto que el camino hacia un acuerdo duradero que ponga fin a más de cuatro años de conflicto sigue plagado de obstáculos.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, confirmó el 23 de octubre que los negociadores de Ucrania, Rusia y Estados Unidos habían acordado celebrar una reunión técnica durante la primera quincena de noviembre en Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Posteriormente, el 27 de octubre, el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, y el presidente finlandés, Alexander Stubb, mantuvieron conversaciones telefónicas con el presidente ruso, Vladímir Putin.
Señales positivas
Estos últimos acontecimientos parecen estar creando condiciones más favorables para el diálogo, aunque todavía es pronto para afirmar que los esfuerzos diplomáticos hayan supuesto un avance decisivo hacia la resolución del prolongado conflicto en Ucrania.
Las conversaciones telefónicas de Støre y Stubb con Putin tuvieron lugar pocos días después de la importante reunión celebrada el 20 de octubre en Oslo entre Ucrania y sus países aliados. Este acercamiento abre una oportunidad para que Europa y Rusia intercambien mensajes directos al más alto nivel, lo que los países europeos han evitado desde el estallido del conflicto en 2022.
El presidente finlandés, Alexander Stubb, declaró: “El intercambio con el presidente ruso, Vladímir Putin, fue profesional y franco. Se ha abierto la posibilidad de celebrar una reunión entre Estados Unidos, Ucrania, Rusia y los países europeos en Abu Dabi en noviembre. El primer ministro noruego y yo consideramos importante aclarar posibles malentendidos y transmitir directamente a Putin la posición de los países nórdicos, en particular la de Finlandia y Noruega”.
Según los analistas, los recientes movimientos diplomáticos de Ucrania y Europa responden a los cambios en las relaciones entre Rusia y Estados Unidos, principal aliado de Ucrania y socio clave de Europa. Esta evolución comenzó con el acuerdo bilateral sobre el diésel del 10 de octubre, continuó con la decisión de Washington de suspender temporalmente la Ley Lindsey Graham, relativa a las sanciones contra Rusia, y coincide con los preparativos de una cumbre entre Estados Unidos, Rusia y China prevista para finales de noviembre, que podría tener importantes repercusiones en la arquitectura de seguridad mundial, incluida la europea.
En este contexto, los países europeos difícilmente aceptarían volver a quedar al margen de las negociaciones, como ocurrió en las previas conversaciones entre Estados Unidos y Rusia y en los posteriores diálogos con la presencia de Ucrania, en ambos casos sin participación europea. A ello se suma el desgaste acumulado tras más de cuatro años de conflicto, que ha provocado cuantiosas pérdidas para ambas partes y ha reducido progresivamente los recursos disponibles.
El presidente estadounidense, Donald Trump, subrayó: “Ucrania debe estar dispuesta a llegar a un acuerdo, porque Estados Unidos ha gastado una cantidad enorme de dinero y Europa también ha destinado ingentes recursos a este conflicto. Ahora, Europa está cansada de esta situación. Está realmente agotada. Y si Ucrania no llega a un acuerdo, la situación solo empeorará”.
Optimismo prudente
Más allá del ámbito diplomático, Rusia y Ucrania han dado algunas señales de distensión sobre el terreno. Entre el 27 de octubre y el 1 de noviembre, ambas partes acordaron un alto el fuego en Oleshki, en el este de Ucrania, con el fin de facilitar la asistencia humanitaria, la atención médica y la evacuación de civiles atrapados.
Aunque el Kremlin descarta un cese inmediato de las operaciones militares, considera que este acuerdo podría servir de modelo para futuras treguas locales por razones humanitarias.
Estos avances plantean la cuestión de si las negociaciones previstas para noviembre permitirán lograr progresos concretos. El estancamiento de las conversaciones trilaterales celebradas a comienzos de año invita a mantener la cautela. Aunque algunos medios occidentales han informado de posibles concesiones, especialmente por parte de Ucrania, las declaraciones oficiales no muestran cambios sustanciales en las posiciones de Moscú y Kiev.
El 25 de octubre, Zelenski rechazó cualquier condición relacionada con la neutralidad de Ucrania o la reducción de sus fuerzas armadas y afirmó que las cuestiones territoriales solo podrán resolverse al más alto nivel político. Por su parte, Putin insiste en abordar las causas profundas del conflicto y establecer una arquitectura de seguridad duradera en Europa.
“Hemos acordado reanudar los contactos trilaterales entre Estados Unidos, Rusia y Ucrania. El objetivo es debatir cómo garantizar la seguridad de ambos países una vez alcanzados los acuerdos de paz definitivos, en lugar de limitarse a una breve suspensión de las hostilidades. Estamos dispuestos a reanudar estos contactos para lograr ese objetivo”, dijo.
Los equipos negociadores de los tres países tienen previsto reunirse en Abu Dabi durante la primera quincena de noviembre. Si las conversaciones técnicas avanzan, podría celebrarse una reunión entre sus líderes para abordar los principales asuntos pendientes. Rusia también ha expresado su disposición a que la Unión Europea designe un enviado especial que contribuya a impulsar una solución pacífica.







