[VOVWORLD] – Este verano, una espectacular floración tiñe de vida los imponentes acantilados kársticos de la bahía de Ha Long. Tras el paso de las tormentas, la drácena de montaña resurge silenciosamente, desplegando una floración tan discreta como fascinante.
Apenas unos días después del paso de la tormenta Maysak, la bahía de Ha Long fue escenario de un espectáculo insólito: las drácenas de montaña comenzaron a florecer casi al unísono sobre sus escarpados islotes rocosos.
El amarillo delicado de las flores, el verde exuberante del follaje, el gris de los acantilados calizos y el azul profundo del cielo y del mar... Una paleta de colores que compone un paisaje de extraordinaria armonía, mientras las siluetas de las embarcaciones se deslizan apaciblemente entre los islotes.
Aunque no es una especie endémica, la drácena de montaña se ha convertido en una de las señas de identidad de la bahía de Ha Long. Vietnam alberga unas veinte especies de drácena, pero ninguna está tan profundamente ligada a este paisaje excepcional, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial.
La drácena se alza en casi todos los picos rocosos. Su tronco esbelto y flexible se aferra a las paredes más escarpadas, mientras sus largos racimos de flores de un amarillo pálido parecen encender de luz la grisácea piedra caliza.
Aferradas a los acantilados o suspendidas sobre el agua, las raíces penetran en las grietas de la piedra caliza. El tronco se alza hacia el sol, moldeado por la fuerza constante de los vientos marinos.
Una drácena centenaria se alza sobre la bahía. Privada de tierra y de agua dulce, y expuesta a los reiterados embates de las tormentas, continúa creciendo, silenciosa e imperturbable, como símbolo de la fuerza inagotable de la vida.
"En los más de veinte años que llevo trabajando en la bahía, nunca había presenciado una floración de semejante magnitud", relata Dao Thi Thuy, guía del Comité de Gestión del Patrimonio Mundial de la Bahía de Ha Long-Yen Tu. Según explica, este año los visitantes pueden contemplar acantilados enteros cubiertos de miles de racimos dorados, como si la bahía se hubiera revestido de un nuevo manto de color.
A diferencia de las floraciones más dispersas de años anteriores, en el verano de 2026 la drácena ha florecido con una densidad sin precedentes. En las laderas del monte Bai Tho, los destellos dorados contrastan con el gris de la piedra caliza y crean una de las estampas más espectaculares de la temporada.
Dos años antes, el supertifón Yagi había devastado buena parte de la vegetación de los islotes, dejando los acantilados desnudos y desolados. Muchos temían que la bahía necesitara décadas para recuperar su antiguo esplendor.
La drácena de montaña, sin embargo, ha vuelto a ocupar su lugar, firmemente arraigada en la roca. Su espectacular floración constituye un testimonio de la extraordinaria capacidad de regeneración de este ecosistema único.
En Ha Long, el verano de 2026 quedará como un símbolo de renacimiento. Las flores de la drácena son mucho más que un espectáculo natural: encarnan la resiliencia de una bahía declarada Patrimonio Mundial y la esperanza de que este legado perdure para las generaciones futuras.
En los acantilados del islote de Cap Be, los racimos dorados de la drácena se reflejan sobre las aguas color esmeralda, a pocos metros del paseo marítimo Tran Quoc Nghien. Una última estampa que parece resumir, en un solo instante, la belleza de una bahía de Ha Long que vuelve a florecer.