Gracias a programas como "Acompañar a los alumnos - hijos adoptivos de los puestos fronterizos" y al proyecto "Oficiales y soldados del Ejército acompañan a los niños en su camino a la escuela", numerosos menores que estuvieron a punto de abandonar sus estudios han recibido el apoyo de los soldados de uniforme verde para continuar su formación y perseguir sus sueños.

La celebración de los cumpleaños de los soldados nacidos en agosto es hoy más animada de lo habitual en el Puesto de la Guardia Fronteriza de Tung Vai. Entre flores, pasteles y felicitaciones, la unidad también se prepara para despedir a un “miembro” muy especial: Vang Van Hoang, que está a punto de regresar al internado para minorías étnicas del distrito de Quan Ba con motivo del inicio del nuevo curso escolar.

Huérfano de padre desde pequeño, Hoang vive con su madre y sus abuelos maternos en una modesta vivienda de la aldea de Ta Van. Tras cursar la primaria cerca de casa, el camino hacia la secundaria se convirtió en un trayecto diario de más de 16 kilómetros por sinuosos senderos de montaña. Cuando llegó por primera vez al puesto fronterizo, era un niño tímido, lleno de incertidumbres.

“Este año pasaré a séptimo curso y llevo casi dos años viviendo en el Puesto de la Guardia Fronteriza de Tung Vai. Al principio me sentía perdido, pero poco a poco los hermanos y tíos de aquí me ayudaron a acostumbrarme al nuevo entorno. En el grado de primaria fui un alumno excelente y en sexto obtuve buenos resultados, aunque en el internado los estudios me resultan algo difíciles”, compartió el chico.

Giang Thanh Pao, de la aldea de Tung Vai Phin, vive en el puesto junto a Hoang. Sus padres se separaron poco después de su nacimiento y fue criado por sus abuelos maternos. La pobreza estuvo a punto de obligarlo a abandonar los estudios. Hace más de cuatro años, los soldados del puesto fueron a buscarlo a casa y lo llevaron consigo. También le regalaron una bicicleta para facilitarle el camino a la escuela.

“Llevo cuatro años viviendo aquí. Al principio estaba nervioso y no me acostumbraba, pero poco a poco el puesto se convirtió en mi hogar. Participo con los tíos en las labores de producción, tenemos una buena alimentación y ellos también me ayudan con los estudios. Cuando no entiendo alguna asignatura, les pregunto y me la explican”, dijo Pao.

Desde 2018, el Puesto de la Guardia Fronteriza de Tung Vai acoge a niños huérfanos y menores de familias especialmente vulnerables. A través de las iniciativas “Acompañar a los alumnos - hijos adoptivos de los puestos fronterizos” y “Oficiales y soldados del Ejército acompañan a los niños en su camino a la escuela”, la unidad apoya actualmente a 22 estudiantes, dos de ellos acogidos directamente en el puesto.

El Teniente Coronel Van Xuan Men, subjefe político del puesto, dijo: “Al principio, los niños se sentían desorientados, pero con la guía de los soldados fueron adaptándose poco a poco a la disciplina y al ritmo de vida del puesto. Además de enseñarles habilidades para la vida, les damos clases de refuerzo y coordinamos con las escuelas para mejorar su rendimiento, ayudándolos a crecer de forma integral y convertirse en adultos responsables y útiles para la sociedad. Asignamos a oficiales para acompañarlos en los estudios y en la vida cotidiana, hacemos un seguimiento de su rendimiento y disciplina e intervenimos cuando es necesario. También representamos a sus familias en las reuniones de padres, los llevamos y recogemos de la escuela y mantenemos el contacto con sus familiares”.

La jornada de los niños considerados “hijos adoptivos de la Guardia Fronteriza” transcurre con una disciplina casi militar. Comienza con ejercicio al amanecer, continúa con el trayecto en bicicleta a la escuela, labores agrícolas por la tarde y el estudio por la noche. La transformación de estos menores no ocurre de la noche a la mañana, sino gracias al acompañamiento constante de toda la unidad. El Equipo de Movilización de Masas se encarga directamente de su vida cotidiana, desde las comidas hasta el descanso.

El Mayor Vang Van Sang, jefe del referido Equipo señaló: “Cuando llegaron, los niños eran tímidos, poco activos y no sabían desenvolverse. Tras aproximadamente un mes con los oficiales y soldados, comenzaron a integrarse en la vida en el puesto. Al principio, apenas hablaban y ni siquiera sabían cómo saludar a los mayores. En ese tiempo, nos turnamos para acompañarlos y enseñarles desde cómo comer y vivir hasta cómo desenvolverse en la vida cotidiana. Son muy obedientes y participan con los soldados en las labores de producción. También elaboramos un horario semanal de estudio. Los lunes, martes y jueves, dos miembros del equipo los acompañan con las tareas escolares y los orientan para mantener una rutina de aprendizaje”.

Entre las montañas de la frontera, niños de familias desfavorecidas como Hoang y Pao, que alguna vez estuvieron a punto de abandonar la escuela, crecen hoy bajo el cuidado y el cariño de los soldados. Mañana, cuando emprendan su propio camino, los años vividos en el puesto serán para ellos un apoyo y una fuente de confianza para seguir persiguiendo sus sueños.