Esta medida responde a la necesidad de mitigar el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre los precios internacionales de la energía.
En concreto, el ejecutivo laborista ha emitido dos permisos específicos de carácter temporal: uno enfocado en productos petrolíferos refinados y otro para flexibilizar las restricciones sobre el gas natural licuado procedente de plantas rusas.
A pesar de este ajuste, el primer ministro Starmer aclaró que esta decisión no supone el levantamiento de las sanciones vigentes contra Moscú.
“Esto no implica un cambio en nuestra política de sanciones; el Reino Unido mantiene su compromiso firme de apoyar a Ucrania”, dijo.
Por su parte, el Departamento de Comercio e Industria del Reino Unido informó que estos permisos no tienen una duración fija y serán revisados periódicamente. Londres ha justificado esta medida como una acción de emergencia para proteger a los consumidores británicos ante las interrupciones en el suministro global, a causa del bloqueo parcial del estrecho de Ormuz, tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán en febrero.
Ese mismo día, Dmitry Birichevsky, director del Departamento de Cooperación Económica del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, declaró que la Unión Europea (UE) ha sufrido pérdidas estimadas en un billón de dólares tras la decisión de interrumpir la compra directa de materias primas y petróleo ruso.





