El comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, llegó a Beijing el 8 de octubre para iniciar una ronda de negociaciones de dos días, en un contexto de creciente presión para alcanzar acuerdos que equilibren las relaciones comerciales entre ambas partes.
A la espera de resultados concretos
Antes de la visita de Sefcovic, la UE había endurecido su postura. El 7 de octubre, el Parlamento Europeo (PE) debatió las relaciones con China y aprobó, por 454 votos a favor y 86 en contra, una resolución en favor de la “reciprocidad económica”.
A principios de mes, Alemania y Francia reclamaron la creación de un mecanismo comunitario que permitiera cerrar el mercado europeo a determinados productos de socios comerciales que incumplieran los criterios establecidos.
El canciller alemán, Friedrich Merz, explicó: “Ante todo, queremos que la Comisión Europea pueda actuar con rapidez cuando sea necesario. Una de las principales limitaciones de la política comercial europea en los últimos años ha sido la lentitud de los procesos de toma de decisiones. Nuestro objetivo es dotar a la Comisión de un instrumento que le permita reaccionar con agilidad, siempre bajo la supervisión del Consejo Europeo, y adoptar decisiones con la mayor rapidez posible cuando los desafíos comerciales así lo requieran. Este será precisamente uno de los asuntos que abordaremos en las próximas semanas”.
La preocupación europea responde al desequilibrio comercial con China. El déficit supera los 1.000 millones de euros diarios (1.100 millones de dólares) y podría rebasar los 400.000 millones de dólares este año. Bruselas también denuncia la falta de avances en el acceso al mercado chino, con sus 1.400 millones de habitantes, y advierte de la dependencia europea de las tierras raras y otras materias primas estratégicas procedentes de ese país.
Ante esta situación, la UE centra las negociaciones en tres objetivos: contener el aumento de las importaciones en sectores estratégicos, impulsar las exportaciones europeas a China y garantizar el suministro de materias primas esenciales. Los diplomáticos europeos consideran prioritario convertir años de diálogo en compromisos concretos.
El diálogo como vía prioritaria
Europa busca una fórmula que le permita defender sus intereses sin agravar las tensiones con Beijing. Para ello, mantiene la estrategia de “reducir los riesgos sin desvincularse” (de-risking, not decoupling), impulsada por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Este enfoque responde a una realidad difícil de eludir: pese a los esfuerzos por diversificar sus proveedores, la UE sigue dependiendo de China para obtener materiales esenciales para la transición ecológica, desde el litio procesado hasta los imanes de tierras raras.
El comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, destacó los avances en las negociaciones, pese a las dificultades, afirmando lo siguiente: “Puedo afirmar que estamos constatando una implicación sustancial por parte de nuestro socio chino, y también por la nuestra. Es fundamental aprovechar esta segunda reunión del Mecanismo de Consulta sobre Comercio e Inversiones entre la UE y China (TIC) para pasar de las meras declaraciones a los resultados concretos, que es lo que todos esperan de mí”.
Beijing también defiende el diálogo y aboga por una cooperación mutuamente beneficiosa y por la estabilidad de las relaciones bilaterales. En respuesta a las últimas iniciativas europeas, Mao Ning, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, declaró: “Esperamos que Europa avance de la mano de China en la misma dirección, que ambas partes aborden sus respectivas preocupaciones mediante el diálogo y las consultas, y que trabajen para promover un desarrollo sano y estable de las relaciones económicas y comerciales entre China y Europa. Estamos convencidos de que este enfoque responde a los intereses comunes de ambas partes”.
No obstante, las relaciones económicas de China con sus socios también están marcadas por dos prioridades: la “seguridad económica” y la “autonomía estratégica”. En los últimos dos años, Beijing ha dejado clara su determinación de defender ambos principios en sus relaciones con Estados Unidos.








